diumenge, 23 d’octubre del 2022

Adoro el amor...

El de primavera, porque tiene la fragancia del brote nuevo,

el ímpetu primerizo de la inconsciencia, 

la fragancia que, cual sonrisa en flor, te invita a amar apasionadamente.

El amor de verano, que parece ya un clásico oficial, 

que a veces perdura pero si no lo hace… 

ya parecía que se sabía de antemano, pero tiene su chispa y su arte, 

su fuerza y su vigor, es el amor veraniego, más o menos fiel. 

Amor otoñal, donde la madurez y la experiencia te dan el asiento y la calma

para saborear las mieles del destino que pareces merecer,

es el amor convincente del conocimiento. 

Amor de invierno, contrariamente a lo que podría parecer, 

nunca viene del frío, es el sosiego de la afinidad, 

es la paz de los espíritus, es el descanso del guerrero sin guerras, 

es la última luz de un túnel que nunca fue oscuro. 

Amor sonado, soñado, amor total...

 

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