divendres, 9 de desembre del 2016

El nido

Pues, madre mía, como va de suspiros la cosa,
yo ya le hablaría de hacer un nido
en la copa más alta del árbol más hermoso,
¡ah! y con vistas al mar, para ver cómo las olas
le llevan mis mensajes en botella,
son simples notas poéticas de mis tiempos de trovador.
Eternos se hacen los preámbulos
cuando el amor siempre tiene una prisa adolescente,
sin más razón que su imperiosa necesidad...
de explosionar y llenar de amor el nido.


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