Soy una brisa que vuela fácil,
acude y es presta en la caricia matutina,
suaviza luego los ímpetus del sol,
da en la cara y besa los rostros de la gente sana
que merece en sus tareas diarias tal bendición.
Soy la brisa de mayo de la que habla el poeta,
la que alienta al ciclista y cobija a los amantes
que la ven más fresca y fría...
y enciende el fuego de sus almas sinceras.
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