Allá en el bosque perdido,
donde solo se llega a través de los senderos más recónditos,
encontré tu mirada errante, como ida,
con todo el aire de lo indiferente, sin vida,
sin darle importancia a ningún entorno, ni a ninguna proximidad…
Me planté delante, te ofrecí mi sonrisa de estreno, natural, sincera, noble,
a través de mis ojos que saltaron con ansias de apoyo y consenso…
Nos sentamos en mi encina, hablamos, nos encontramos,
...o eso parece, ¿verdad?
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