diumenge, 15 de març del 2015

Soy

Soy una gota de lluvia en busca de desierto,
una avidez que busca exhausta en el ágora...
Soy una luz en busca de ventana,
un canto a la esperanza perdida.
Soy el fuego abrasador incandescente
que corrió tu rímel y te convirtió en sed.
Soy como el vuelo incontrolado
de las mariposas ferozmente enamoradas.
Soy el amanecer que te besa en la boca
y enciende tu luz y mi vida...
Soy el que llega despacio, en silencio,
y da la impresión que ya estaba de siempre.
Soy el que despierta del sueño dorado
y acaricia sonrisa de haber sido útil...

dissabte, 14 de març del 2015

Coleccionista

Tengo una colección de amaneceres,
de aquellos que sólo se producen...
cuando se abren las ventanas de tus ojos
y el parpadeo se para y se enciende la luz.
Uno es rico en despertares a tu lado,
celebrando la realidad del sueño…
Atesoro tus proximidades desnudas,
aliviando los veranos poéticos…
Tengo un bagaje de presencias,
donde una luna cómplice
alumbraba cada nacimiento
de ilusión y puro sentimiento.
Verte cerca, allí, desnuda, feliz…
era, es, como afirmar
que la luz y el agua es vida…

El olfato de las flores

¿Tendrán olfato las flores
ahora que empiezan a asomar
y a ofrecer su aroma generoso?
¿No tendrán miedo a enfrentarse
con los pestilentes elementos circundantes?
Menos mal que la naturaleza es sabia
y ofrece un buen surtido en progresión…
Desde la prudente violeta,
que medio escondida en sus apartes,
proclama sus discretos y nostalgias,
hasta la novia del campo,
que embellece los trigales de mares amarillos,
pasando por los claveles y las rosas,
que pueden con los tigres urbanos..
¡Que la primavera nos acoja… duchados!

divendres, 13 de març del 2015

Y si hablamos de las ilusiones...

Mañana viene mi hijo y la Lucca. Quiero que tengan aquella sensación de propiedad, de que van de su casa en el pueblo a su casa de Tarragona. Creo que la tienen y me place… Pere va mañana de “calçotada” con los amigos que, celosamente, conserva desde el instituto artístico, y el domingo tenemos reserva para hacer una “Montolivada”, que es una gozada de exquisitez local, a modo de regalo de los sentidos… Mi hijo es, también, de los que come no sólo para vivir, además lo goza. Mi hijo, toda una ilusión, ¡la mejor!

Alcancé tu suspiro

Como en la canción, hoy he dejado
que las palabras se estrellen
en tu corazón insensible…
Es como una opacidad cruenta
que, en ebullición, hace negros de negros.
En su proceder no hay amanecer,
y al mal entender le precede el no entender…
Una sensibilidad herida no tiene consuelo,
aunque haya viajado en malicia
a través de las lenguas de filos diversos,
las noticias nefastas que matan…
Las cargué de lamentos verdad
y, casi en mi último aliento,
alcancé tu suspiro…

¡Señora!

Señora, cuando quiera...
me someto a un tercer grado.
Usted, cuando le plazca, me interroga,
y le cuento mi pasado y mis anhelos,
y verá mis honrados fieles
postrados a la verdad del sol…
¡No sufra, señora madre!
Voy a hacer de su hija...
una obra según su diseño,
un anhelo constante en mi alma,
un desdude en los cercas del pueblo,
y una paz i un amor en la casa…
Señora, si usted nos bendice,
¡me caso con la hija de usted!

Mercadillo en la Rambla

Los martes y jueves, y en la Rambla, espectáculo garantizado, voces sugestivas, tentaciones varias, ofertas múltiples:
- Pague una y llévese dos.
-Todo de oferta.
- Lo regalo…
- A mitad de precio…
Puedes encontrar de todo, como total es la gracia y desparpajo de los vendedores. Siempre me sorprenden las flores… Hoy, un buen surtido de claveles y tulipanes, multicolores y frescos, acaparan mi atención, las rosas rojas parecen de diseño… Me detengo junto a los animales, donde me llaman la atención unas gallinas, de diferentes clases, muy bellas. Mercadillo, exposición de pareceres, una tipología, una vida…

dijous, 12 de març del 2015

Memorias de maestro

No se educa bien lo que no conoces, me dijo una vez un profe sabio… Y me di algún vuelo de nariz por algún entorno de mi alumnado hasta que, una vez, alguien me dijo que ellos no se metían en mi casa… Y recapacité, y aprendí, poco a poco, de aquella mi juventud que quería comerse el mundo. Pero ahora, ya jubilado y con tiempo libre, es decir, de patio vaya, pienso en las situaciones diferentes que viven en sus casas nuestros alumnos…

Hay padres, como ya conté alguna vez, que trabajan de sol a sol para que a sus hijos no les falte de nada… entonces, éstos tienen de todo menos padres. Los hay que ni se enteran que tienen hijos, no saben el curso que hacen, ni qué materia les gusta más, o quién o quiénes son sus amigos. Parece imposible, pero es muy cierto. También los hay con el defecto contrario… que viven obsesionados en hacerles la vida imposible a los hijos, hasta tal extremo que acaban siendo el principal problema para los educandos.

Por último, y ya en pleno recuerdo, rociado de agradable nostalgia, pienso en la corrección y humildad con la que venían algunos padres, buscando vías de colaboración y positiva complicidad para intentar encauzar los posibles problemas. En estos casos, me deshacía en esfuerzo y si no hacía más era porque no daba para más. También, a algún rico barato lo pasé de largo… no estoy satisfecho, pero así fue y así lo cuento, aunque esto no afectara mi actitud con su hijo…

¡Como mínimo!

Me deslizo por los ondulados
de una benevolencia en concesión,
como un beneplácito de la voluntad,
una ventana abierta al proceder del sueño…
Voy, como compañero de lo etéreo,
pululando en consentido por lo efímero,
y le proclamo un contenido impensable,
caminando, sin destino ni horario.
¿Qué importa el tiempo si está cerca el mar?
¿Qué importa un destino en horarios
si en mis siempres presencio tu ausencia,
entre lluvia de estrellas y reflejos de luna,
con aromas de bosque y latidos del alma?
Hoy, como ayer, o mañana,
la cosa acaba en beso… ¡como mínimo!

Interminable...

Me regaló un simple reflejo,
un automático de sonrisa,
de aquellos que tiene en archivo
para los avatares de lo correcto…
Yo esperaba una palabra de aprecio,
a modo de reconocimiento generoso,
a unos ojos que la siguen exhaustos,
desde lo más recóndito de los sueños
hasta las pisadas de los firmes del deseo…
Otro día vi que me esperaba,
en disimulo, por supuesto…
Comprendí que había expirado el plazo
que mandan los cánones del recato…
Mi suspiro y su sonrisa, ahora entera,
hicieron la escalera interminable…